Cuando recibí la noticia por la televisión no lo podía creer, pensé que era un sueño extraño, hasta que vi su foto en primer plano; sería mucha coincidencia de que alguien en el mundo se llame igual a ella y tenga la misma cara.
Después del asombro llegó la furia, la desconfianza, la desilución, el odio, la decepción; después la calma. Tenía que hablar con ella rápidamente, pero antes decidí analizar la situación, tan usual e inusual.
Enrique Ortiz de Landázuri Izardui, alias “Enrique Bunbury”, cantante y ahora solista, quién formó parte de uno de los grupos más populares del mundo “Héroes del Silencio”, se había “arratado” a mi novia.
Tratando de ser objetivo analicé los dos partidos que tenía ella. Por un lado me tenía a mí, un buen chavalo, no tan feo, con profesión, con trabajo, de buena familia, que sabe escribir, es periodista y sabe de producción audiovisual y tiene todo un futuro por delante.
Por otro lado, tiene a una estrella de rock, un ídolo para muchos, un buen cantante, un poeta, un soñador, un hombre espiritual, intuitivo y sensible, un hombre que no conoce la rutina y que tiene mucho dinero; que no por último es el menos importante.
Después del análisis, me di cuenta de que ambos somos muy buenos partidos, pero el me gana por poquito; más que todo por el dinero.
Acepté la derrota y antes de llamar a mi novia, me senté a fumar, ya que había perdido a alguien muy especial. Tal vez para ella la vida se la haga mas sencilla, mas feliz y mas arreglada, conmigo la hubiera tenido que luchar un poco más, lástima, era una buena chavala, ¿porqué no me habrá dicho?, yo la hubiera entendido; de por sí eso ya se había hablado. Nuestro trato consistía en que si se me acercaba Marta Sánchez y me daba pelota, pues que con ella me quedaba, y así con varias estrellas y amores platónicos que nos inventan en la televisión.
Dentro del grupo de hombres de mi novia, figuraba el tal español ese Bunbury o como se llame, a quién le deseo que nunca mas vuelva a vender un disco y cuando lo vea de frente se va a acordar de mí.
Pero bueno, el punto es que teníamos esa libertad de estar con famosos en caso de que se nos presentara la oportunidad, lo único es que la más ingenua era ella, quien decía: “pero tranquilo eso no va a pasar”, y me abrazaba.
Ingenuo yo, que me tragué el abrazo con todo y puñal incorporado.
Se me fue si contarle que soy muy famoso, que soy muy importante, que puedo ir donde quiera, sólo tengo que visualizarlo; soy grande, inteligente, popular, soy rico, soy guapo, soy un ícono, soy alguien con todas esas cualidades, pero que a diferencia de los que salen en televisión, yo tengo la ventaja que paso desapercibido, para poder vivir y tener privacidad.
Visitaré a mi exnovia todos los días a las 7 de la noche en televisión española, para ver cómo le está llendo, si tengo tiempo la buscaré a las 6 en el programa En Vivo, o los jueves en 7 estrellas, el programa dónde los que entrevistan a las estrellas son estrellas.
Ahora solo me queda curar mi herida y buscar otra buena compañera. Quien sepa quién es, quién se quiera y me quiera, quién me de la prioridad, quién me ponga arriba, alguién quién piense que yo soy su famoso exclusivo, aunque no lo sea; alguien quién mande al carajo a los que lo quieren todo, alguien que disfrute de mis imperfecciones, alguien que me de mi lugar.
Me encantaría alguien que entienda que las estrellas se pueden tocar, pero es mejor mirarlas desde abajo.